Coronavirus y el estado protector

La irrupción del coronavirus constituye un acontecimiento que grita verdades, por ejemplo, que las sociedades organizadas por la lógica del mercado no cuidan a su gente, sino que la dejan a la intemperie, y solo los estados fuertes son los que amparan.

Nora Merlin*

Se desencadenó una pandemia, el coronavirus que de un día para otro cambió la escena del mundo. Sociedades enteras en cuarentena, aislamiento, reclusión en las casas y suspensión casi total de las actividades.

La irrupción del coronavirus constituye un acontecimiento que grita verdades, por ejemplo que la desinversión en salud pública propia del neoliberalismo trae como efecto necesario sistemas de salud precarios, que no dan abasto para atender a todxs.  Que la salud pública no es un gasto ni una inversión, sino un derecho. Que las sociedades organizadas por la lógica del mercado no cuidan a su gente, sino que la dejan a la intemperie y solo los estados fuertes son los que amparan.

Esta tragedia permitió que se caigan de un plumazo muchos slogans neoliberales que funcionaron como certezas ideológicas, tales como el estado burocrático, la libertad individual, el ideal privatizador, la meritocracia, etc.

En el tiempo de la urgencia, se entendió que el Otro no es ni mi enemigo ni el culpable, sino mi prójimo. Que la suerte y el cuidado de él también es el mío, ya que es imposible salvarse sólo porque la patria es el Otro. Que el amor es político y que el aislamiento nada tiene que ver con el individualismo neoliberal en el que cada uno, indiferente al prójimo, se enfrasca en su tribu mientras se mira el ombligo. Hay un aislamiento que no es exclusión ni identificación al resto, sino un acto de amor político, de cuidado de sí y de la comunidad, porque la solidaridad no es caridad, sino la base de lo colectivo.

Sabíamos que haber ganado las elecciones no significaba resolver las fijaciones neoliberales sedimentadas y que era necesario, para derrotar definitivamente al neoliberalismo, dar la batalla cultural. También sabíamos que con las argumentaciones racionales no iba a ser suficiente, que había que involucrar afectos, cuerpos para lograr un despertar. Pero, ¿cómo realizar esa experiencia pedagógica? ¿Cómo transformar el odio al otro en amor y en conflicto político?

El coronavirus es una pesadilla, pero es posible que permita el despertar del sueño neoliberal. Se rompió el pacto entre capitalismo y democracia, hay que reinventar la democracia.

El estado  y el pueblo están dando una lección que marca un camino.

* Psicoanalista-Magister en Ciencias Políticas

 

Publicado en: https://lateclaenerevista.com/coronavirus-y-el-estado-protector-por-nora-merlin/

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